II
El sol ya se habÃa ocultado en las montañas, dejando el reinado de la noche, las estrellas brillaban en el firmamento cantando el destino del hombre y los secretos del universo. En el mundo de los mortales empezarÃa.
Las luces de la ciudad, definÃan los cantones de los edificios, la ciudad se veÃa protegida por una imponente muralla, a lo lejos, se divisa la silueta de un hombre junto a un perro, el hombre vestÃa una túnica negra con bordados plateados, su pelo era negro como el ébano, su rostro pálido, tenÃa rasgos felinos, sus ojos eran azules e inexpresivos, sus movimientos eran elegantes y suaves, a su lado, un perro, su cuerpo se sostenÃa bajo sus poderosas patas, su hocico se parecÃa al de un lobo, su afilada dentadura podrÃa destrozar un elefante en poco tiempo, su pelaje era negro y brillante, como la misma noche.
- Vamos, ya hemos llegado, contempla la majestuosidad de la ciudad de los justos, Ancelot- dijo con una voz melodiosa mientra la señalaba con el dedo.
La playa estaba abarrotada de gente, todos se habÃan congregado para presenciar la ejecución de una bruja, la multitud se empujaba para poder ver a la condenada. Se trataba de una chica de no mas de 16 años, era algo bajita, su pelo castaño claro que lo tenÃa recogido en una trenza, sus ojos eran de color verde y su nariz algo respingona, caminaba con seguridad aún sabiendo lo que el destino le reservaba. La muerte.
Todo habÃa empezado hacia tres dÃas, ella trabajaba de criada en la casa de una familia noble. Un dÃa, discutiendo con Clarice, la otra criada le habÃa dicho que algo malo pasarÃa, al dÃa siguiente, el hermano de Clarice apareció muerto, al parecer se habÃa caÃdo y se habÃa roto el cuello, junto al cadáver habÃan encontrado una pluma negra ensangrentada. Clarice, convencida de que habÃa sido la muchacha, la denunció, la chica fue arrestada y juzgada en el juicio. Clarice obliga a la joven a quitarse la camisa, al quitársela todos los presentes la condenaron, en la parte alta de la espalda, se podÃa apreciar una cicatriz vertical parecÃa haber sido hecha con fuego y sin duda alguna: bruja.
Ahora la dirigÃan a su último destino, el pozo. El pago era la condena más temida y dura de todas, solo mandaban allà a los satánicos.
El pozo media un metro de ancho y cincuenta de fondo, en el fondo del pozo habÃa lo que la gente llamaba el fuego eterno, se trataba de un fuego de llamas azules, se dice que fue traÃdo del mismÃsimo infierno, pero aquel fuego era especial, nunca se apagaba y no quemaba, helaba. Por eso si sobrevivÃas a la caÃda, no sobrevivÃas a las llamas.
La habÃan puesto ya en el borde del pozo, vestÃa una tunica blanca, sus pies estaban sucios, cortados y magullados, su fino y delicado rostro ensangrentado, las voces callaron, el juez supremo iba a hablar.
- Ciudadanos, hoy se ejecutará a una bruja- se puso junto a la chica
- Dios, lÃbranos del mal- dicho esto, empuja a la joven por el borde mientras una lágrima sale de sus ojos verdosos.
Después oscuridad, no veÃa ni escuchaba nada, hasta que una voz firme habla en aquel silencio.
- Sé quien eres, pero sé quien quieres ser ¿Cómo te llamas?
- Isabella, ¿estoy muerta?
- No, aunque quisieras, no podrÃas morir sabes, existen personas tan especiales que parece que no están hechos para este mundo o no hubiera sido creado para ellos. Tú eres una de esas personas
- ¿Entonces donde estoy?
- Estas en ningún sitio y sólo puedes salir si tomas una decisión.
- ¿Qué decisión?
- Morir o mostrar quien eres realmente
- ¿Quién soy?
- DÃmelo tú
- Yo soy yo
- No, eres superior a aquella débil humana que lanzaron al pozo, estás a salvo, muestra quien eres realmente.
- No te entiendo
- Deja que el odio, la sed de venganza y el sufrimiento fluyan, que se liberen.
- No, no sé como
- Odia, véngate, sufre.
Isabella obedeció, odió a sus señores, quiso vengarse de la ciudad que la habÃa condenado, un rugido furioso resonó en el silencio.
El cuerpo de la joven empieza a cambiar, de las cicatrices de su espalda salieron dos alas negras, que al desplegarse expulsó sangre, la túnica blanca se convirtió en un vestido negro, sus orejas se agrandaron, sus ojos se tornaron negros, su piel empalideció, su cabello ennegreció y sus uñas se afilaron tomando forma de garras, lo mismo pasó con sus pies, sus dientes se convirtieron en pequeños colmillos y sus labios tomaron un color carmesà intenso.
- Muy bien, vuela mi ángel de la venganza, vuela.
La gente ya se habÃan marchado cuando un estruendo les hizo volver sus miradas hacia el pozo o lo que quedaba de él, un metro más arriba, batiendo las alas y sangrando, era el ángel de la venganza. La reacción de la gente fue correr, pero entonces un rugido agudo, los edificios temblaron o cayeron y al contacto con el suelo se convirtieron en lava, muchos murieron en aquella tragedia. Los pocos que consiguieron escapar de la ciudad fueron devastados por el ángel, de aquella tragedia solo sobrevivió una niña de nueve años que afirmó ver como el ángel y un perro, se inclinaban ante un hombre que estaba solo y cuya sola presencia helarÃan la sangre al mismÃsimo creador.
ALL STAR por Gabriel.