Participación especial para el blog: nuestra profesora.
Como testigo del bicentenario, quise estar en el punto en el cual empezaba a arder en los corazones la idea de una patria propia. Quise estar en la fecha histórica que recordaba el primer gobierno genuino, un primer gobierno patrio, quise estar en la ciudad de Buenos Aires, doscientos años después para ser parte del pueblo, una antorcha de esperanza, con la misma esencia hecha de fervor patriótico.

La geografía había cambiado: aquellos antiguos trazados de futuras calles fueron el 25 de mayo canales abiertos por donde estábamos la multitud de ciudadanos argentinos venidos de todas partes: los había locales, del interior del país, extranjeros, transeúntes de todas las edades sin distinción.

Nunca la historia local registró la cuantiosa convocatoria que presenció los desfiles cívicos y militares, que ovacionó los espectáculos musicales en el escenario al pie del símbolo nacional: el obelisco, que visitó los stands de las 24 provincias en el paseo del Bicentenario, que asistió a la re-inauguración de una joya arquitectónica universal: el teatro Colón. Y yo nunca percibí tanto sentimiento de hermandad en ese pueblo que hizo la historia. Sentí que todos estábamos de fiesta. Todos y tantos, todos los que fuimos desde el anciano que presenció buena parte de la vida institucional del país hasta el niño más pequeño, un nuevo ciudadano, sosteníamos la banderita de celofán al viento, tan celeste y tan blanco, soplando las velitas de cumpleaños.

Allí me encontré con aquella misma plaza, convocante por naturaleza, álgido sector de habitantes entusiastas participativos, de bien pensar y obrar, adornando el cabildo, reducido a un fragmento, mas, célebre e importante, señor de nuestra historia, elogio de lo que deseamos ser alguna vez y hoy somos, a pesar de mucho y gracias también por lo tanto que significa ser argentino.
De la fusión de tiempos, la historia vuelta a revivir, me quedan para siempre las esperanzas, los deseos de hacernos grandes, la sensación en las miradas de que tenemos mucho por emprender para ser cada vez más dignos ciudadanos de ese bello país que conformamos.