Página Oficial de Ana María Matute
Hace pocos días se dio a conocer en todos los medios internacionales que la escritora catalana Ana María Matute fue galardonada con el premio Cervantes. Esta mujer de 85 años “nacida en Barcelona en 1926 se dio a conocer en la escena literaria española con ‘Los Abel’, una novela inspirada en la historia bíblica de los hijos de Adán y Eva, en la cual reflejó la atmósfera española inmediatamente posterior a la contienda civil desde el punto de vista de la percepción infantil. Este enfoque se mantuvo constante a lo largo de su primera producción novelística y fue común a otros representantes de su generación, la llamada generación de los “niños asombrados”.
A los cinco años, tras haber estado a punto de morir por una infección de riñón, escribió su primer relato, ilustrado por ella misma. A los ocho años volvió a padecer otra enfermedad grave y la enviaron a vivir a Mansilla de la Sierra (Logroño) con sus abuelos. Se educó en un colegio religioso en Madrid y con 17 años escribió su primera novela, ‘Pequeño teatro’ por la que Ignacio Agustí, director de la editorial Destino en aquellos años, le ofreció un contrato de 3.000 pesetas que ella aceptó. Sin embargo, la obra no se publicó hasta ocho años después.” El sitio Club Cultura señala como la página oficial de Ana María Matute al espacio virtual de donde se han extraido estas palabras. Allí, además, se puede acceder a una extensa biografía, a datos sobre su obra, una interesante sección titulada encuentros, donde se pueden leer textos sobre la autora, perfiles, miscelaneas y muchísimos ensayos sobre Ana María. Es un sitio para quedarse horas, o días, navegando, leyendo las palabras de Matute y todo lo que se dijo y se dice de ella. Realmente delicioso.
Ana María y la Guerra Civil Española
“Ana María fue la segunda de cinco hijos de una familia perteneciente a la pequeña burguesía catalana, conservadora y religiosa. Su padre, Facundo Matute, era un catalán propietario de una fábrica de paraguas. Durante su niñez, Matute vivió un tiempo considerable en Madrid, pero pocas de sus historias hablan sobre sus experiencias vividas en la capital de España.
Cuando Ana María Matute tenía cuatro años cae gravemente enferma. Por dicha razón, su familia la lleva a vivir con sus abuelos en Mansilla de la Sierra, un pueblo pequeño en las montañas riojanas. Matute dice que la gente de aquel pueblo la influenció profundamente. Dicha influencia puede ser vista en la obra antología Historias de la Artámila 1961, la cual trata de gente que Matute conoció en Mansilla.
Ana María Matute tenía diez años de edad cuando comenzó la Guerra Civil Española de 1936. La violencia, el odio, la muerte, la miseria, la angustia y la extrema pobreza que siguieron a la guerra marcaron hondamente a su persona y a su narrativa. La de Matute es la infancia robada por el trauma de la guerra y las consecuencias psicológicas del conflicto y la posguerra en la mentalidad de una niña, y una juventud marcada por la Guerra, se reflejan en sus primeras obras literarias centradas en los “los niños asombrados” que veían y, muy a pesar suyo, tenían que entender los sinsentidos que les rodeaban. Características neorrealistas pueden ser observadas en obras como en «Los Abel» (1948), «Fiesta al noroeste» (1953), «Pequeño teatro» (1954), «Los hijos muertos» (1958) o «Los soldados lloran de noche» (1964). En todas estas obras, la mirada protagonista infantil o adolescente es lo más sobresaliente y marca un distanciamiento afectivo entre realidad y sentimiento o entendimiento. Son obras que se inician con gran lirismo y poco a poco se sumergen en un realismo exacerbado.” Wikipedia le dedica una interesante entrada a la tercera mujer integrante de la Real Academia Española en 300 años de historia. Además de los datos biográficos, hay menciones de sus libros y de sus premios. No olvidar visitar los enlaces externos.
Ana María Matute antes del Premio Cervantes
Cuando su nombre resonaba con fuerza como una de las candidatas al premio, Ana María Matute declaraba que si ganara el Cervantes daría saltos. En esta entrevista muy emotiva, realizada por Rosa Mora y publicada en el diario El País hace menos de un mes, la escritora catalana habla de sus libros, de su vida y de su escritura. Allí, Matute expresa frases como esta: “La vida te cambia, te apalea, pero yo no me doblego ni que caigan rayos”. Tal vez, esta frase se deba a un relato que sostiene en la entrevista. Reproducimos apenas unos párrafos:
“P. Tuvo usted una producción literaria extraordinaria en los años cincuenta y sesenta.
R. Me casé con aquel espécimen [su primer marido] y pasamos verdaderos apuros económicos. La Matute se convirtió en el sostén de la familia. Solo entraba en casa el dinero que ganaba yo. Me levantaba a las seis de la mañana, ¡qué horror!, cuando ahora tengo que levantarme a las diez me parece que es la madrugada. Escribía un cuento semanal para la revista Garbo, para Destino, novelas, relatos. Mi vida ha sido, es, la literatura y mi hijo. Al revés, mi hijo y la literatura.
P. Consiguió separarse del “espécimen”, como usted dice.
R. En esto sí que fui una verdadera heroína, eran los años cincuenta cerca de los sesenta. Sufrí mucho. Automáticamente le dieron la custodia al padre y estuve sin mi hijo dos años y pico. Lo único que me salvó es que mi suegra y mi cuñada, muy buenas personas, me dejaban verlo los sábados. Al espécimen no le interesaba tener el niño, se lo pasó a su madre, solo lo hizo para chincharme.” La honestidad, la crudeza, la ética de Ana María Matute se pueden leer en esta entrevista y en todos sus libros.
Ana María Matute y las cajas de seguridad para preservar los libros
El Instituto Cervantes posee una cámara de seguridad para conservar de manera segura los libros para el futuro. En esta nota publicada por la sala de prensa del Instituto se señalan los datos del evento: “La escritora y académica Ana María Matute ha depositado en la Caja de las Letras un ejemplar de la primera edición de “Olvidado Rey Gudú” (1996), una de sus más célebres novelas. Este legado personal de la autora, premio Nacional de las Letras de 2007, permanecerá custodiado en la cámara acorazada del Instituto Cervantes hasta el 26 de julio del año 2029.
“¿Qué puedo dejar si no es un libro? La literatura es mi vida”, ha dicho Ana María Matute (Barcelona, 1926), al explicar la naturaleza del legado que ha depositado en la caja de seguridad número 1.526. “Quiero que dentro de 20 años se me recuerde por mis obras -ha añadido-, porque los libros son la forma de perdurar y de estar en la memoria de los que nos amaron.”
Ana María Matute y los libros para niños
La intensa producción de literatura infantil y juvenil la posicionan a Ana María como una de las autoras más reconocidas del género. Como expresa el ensayo “Ana María Matute, la mágica realidad”, escrito por Anabel Sáiz Ripoll, publicado en la revista CLIJ (Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil), la mayoría de las obras de esta autora suelen ser historias intimistas, entre la realidad y la fantasía, protagonizadas por niños “poco corrientes” o “niños con problemas” que buscan su propio yo y afianzar su personalidad. Este interesante artículo profundiza la precocidad de la autora, sus comienzos en la escritura para niños, sus motivos, sus personajes, entre otros temas. Zambullirse en este texto es nadar, aunque más no sea por un rato, por la intimidad literaria de Matute.
Propuestas de trabajo aúlico con textos de Ana María Matute
“Un paso hacia la madurez lectora: análisis de dos cuentos de Ana María Matute” lleva por título este texto M. Amparo Valera Ruzafa, del Colegio C.P. Nuestra Señora de la Paloma de Madrid. En este artículo se recogen las conclusiones del análisis de dos cuentos de Ana María Matute, así como las líneas maestras de una propuesta de trabajo para iniciar a los alumnos de Secundaria y Bachillerato en el comentario de textos narrativos, con especial referencia a los elementos que configuran la estructura de los relatos. El texto comienza de este modo, como referencia para aquellos docentes que desean analizar estas propuestas y por qué no, llevarlas a cabo: “Los alumnos de secundaria que hoy ocupan nuestras aulas con frecuencia tienen serias dificultades para incorporar la actividad lectora a los dominios de su mundo cotidiano. En muchos casos se mueven con envidiable agilidad en el mundo de la informática y manejan con habilidad incuestionable artilugios misteriosamente inasequibles para buena parte de los adultos. Sin embargo, topar con la palabra escrita y darle la oportunidad de que se convierta en el instrumento que vertebre y estimule su desarrollo mental y personal no deja de ofrecer serias resistencias para muchos de ellos. Como genuinos habitantes de su tiempo, sienten más que piensan, reciben mucha información y la procesan muy poco, les llena más el ruido que el silencio, viven extra-vertidos.”
Ana María Matute y sus palabras propias
Es difícil reproducir los maravillosos textos de esta gran autora, aquí, van solo algunos fragmentos para que los lectores se endulcen y se llenen de deseo para seguirla leyendo.
Así dice un fragmento de su obra Pecado de omisión: ” Durmieron en el mismo chozo de barro, bajo los robles, aprovechando el abrazo de las raíces. En el chozo sólo cabían echados y tenían que entrar a gatas, medio arrastrándose. Pero se estaba fresco en el verano y bastante abrigado en el invierno. El verano pasó. Luego el otoño y el invierno. Los pastores no bajaban al pueblo, excepto el día de la fiesta. Cada quince días un zagal les subía la collera: Pan, cecina, sebo, ajos. A veces, una botella de vino. Las cumbres de Sagrado eran hermosas, de un azul profundo, terrible, ciego. El sol, alto y redondo, como una pupila impertérrita, reinaba ahí. En la neblina del amanecer, cuando aún no se oía el zumbido de las moscas ni crujido alguno, Lope solía despertar, con la techumbre de barro encima de los ojos. Se quedaba quieto un rato, sintiendo en el costado el cuerpo de Roque el Mediano, como un bulto alentante. Luego, arrastrándose, salía para el cerradero. En el mismo cielo, cruzados como estrellas fugitivas, los gritos se perdían, inútiles y grandes. Sabía Dios hacia qué parte caerían. Como las piedras. Como los años. Un año, dos, cinco. “
En el sitio El poder de la palabra se pueden leer otros fragmentos, conocer sobre los premios y sobre su vida.
Del mismo modo, vale la pena leer algunas de las palabras pronunciadas en su texto “En el bosque: Defensa de la fantasía”, el discurso que pronunció Matute en el ingreso en la Real Academia Española de la Lengua. Aunque la cita es extensa, vale su peso en oro: “Así, es mi intención invitaros, en este discurso mío tan poco erudito y tan poco formal, a ensayar una incursión en el mundo que ha sido mi gran obsesión literaria, el mundo que me ha fascinado desde lo más temprano de la infancia, que desde niña me ha mantenido atrapada en sus redes: el «bosque» que es para mí el mundo de la imaginación, de la fantasía, del ensueño, pero también de la propia literatura y, a fin de cuentas, de la palabra.
Y desearía hacerlo bajo la invocación de «Alicia en el país de las maravillas», con los siguientes versos: «Recibe, Alicia, el cuento y deposítalo / donde el sueño de la Infancia / abraza a la Memoria en lazo místico, / como ajada guirnalda / que ofrece a su regreso el peregrino / de una tierra lejana».
El momento en que Alicia atraviesa la cristalina barrera del espejo, que de pronto se transforma en una clara bruma plateada que se disuelve invitando al contacto con las manitas de la niña, siempre me ha parecido uno de los más mágicos de la historia de la literatura, quizá el que ofrece un mito más maravilloso y espontáneo: el deseo de conocer otro mundo, de ingresar en el reino de la fantasía a través, precisamente, de nosotros mismos.
Porque no debemos olvidar que lo que el espejo nos ofrece no es otra cosa que la imagen más fiel y al mismo tiempo más extraña de nuestra propia realidad. Desearía, pues, exhortaros a participar, durante el breve tiempo de este atípico discurso, de la fascinación que sin duda constituye la cifra de mi obra, y acaso también de mi vida: la posibilidad de cruzar el espejo e internarse en el bosque de lo misterioso y de lo fantástico, pero también del pasado, del deseo y del sueño.”
Ana María Matute y el Premio Cervantes
El Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes es el máximo reconocimiento a la labor creadora de escritores españoles e hispanoamericanos cuya obra haya contribuido a enriquecer de forma notable el patrimonio literario en lengua española. La relación de autores premiados desde su primera convocatoria en 1975 constituye una clara evidencia de la significación del Premio para la cultura en español. A este galardón puede ser propuesto cualquier escritor cuya obra literaria esté escrita, totalmente o en su parte esencial, en esta lengua. Pueden presentar candidatos las Academias de la Lengua Española; los autores premiados en anteriores convocatorias; las instituciones que, por su naturaleza, fines o contenidos, estén vinculadas a la literatura en lengua castellana, y los miembros del jurado. Este año la ganadora fue Ana María Matute, la tercera mujer en conseguir este galardón. En esta nota se puede leer todo acerca del premio y de su flamante ganadora.