Recorriendo la literatura argentina: Martí­n Kohan

Martí­n Kohan es un escritor argentino que nació en la ciudad de Buenos Aires en 1967. Entre sus libros de ensayo se encuentran: “Imágenes de vida, relatos de muerte. Eva Perón, cuerpo y polí­tica”, “Zona urbana. Ensayo de lectura sobre Walter Benjamin” y “Narrar a San Martí­n”. Entres sus libros de ceuntos se destacan: “Muero contento” y “Una pena extraordinaria”; y entre sus las novelas: “La pérdida de Laura”, “El informe”, “Los cautivos”, “Dos veces junio”, “Segundos afuera”, “Museo de la Revolución” y “Ciencias Morales”. En el sitio de la Audiovideoteca de Buenos Aires se puede encontrar una biografí­a extensa (realizada de manera cronológica), todos los datos sobre sus textos publicados, escuchar a este Doctor en Letras leyendo fragmentos de sus relatos y ver en distintos formatos de video una entrevista realizada para dicho sitio.

Los caminos que las personas tomamos para llegar a tal o cual carrera, oficio o trabajo muchas veces están trazados gracias al consejo, la ayuda o la guí­a de un otro que nos muestra que el mundo está lleno de senderos posibles que podemos transitar. En el caso de Martí­n Kohan, dos profesores de literatura que conoció cuando cursaba la sencundaria, lo marcaron para siempre. En un breve relato, el autor evoca a estos docentes, relatando las estrategias de lectura que usaban en clase.

Dos veces junio, la cuarta novela de Martí­n Kohan, abre con una pregunta brutal. La pregunta sirve a su vez para cuestionarse sobre el destino de esa franja de la sociedad no directamente ideologizada y no directamente implicada en la lucha contra la subversión durante la última dictadura. La pregunta es: “¿A partir de qué edad se puede empezar a torturar a un niño?”.

Esta impactante novela ha sido reseñada en distintos sitios, incluso tomada como fuente para diversos trabajos universitarios. La cita ha sido extraí­da de una nota de Guillermo Piro, publicada en la revista Ñ, del diario Clarí­n, titulada “Un tiempo de horror eficaz”, haciendo referencia al tiempo del relato, puesto que esta novela está enmarcada en el año 1978, momento en que se jugaba el Mundial de Fútbol en la Argentina, mientras la dictadura militar estaba en el poder.

A su vez, entrando a esta página de arte, poesí­a, videoarte y experimentación, llamada “La vaca que come vaca”, se puede leer un ensayo sobre “Dos veces Junio” escrito por el autor del sitio.

Me interesa la literatura cuando trabaja con las huellas de la realidad, atenuando la realidad misma. Cómo trabajar con las réplicas del terremoto y no con el terremoto en sí­.Mi sensación es que, de alguna manera, lo que se está callando adquiere más presencia que lo que se está diciendo.

Estas son algunas de las palabras de Martí­n Kohan de una interesante entrevista que se puede leer completa aquí­. Allí­, el autor habla de cómo apareció la lectura en su vida, sobre los debates entre escritores, sobre el mercado literario, la literatura contemporanea, entre otros temas.

Yo creo que en un ámbito escolar no puede haber malas lecturas. No estoy de acuerdo con esa idea que dice “No importa qué, pero que lean”. Porque también se deforma un lector. Si un texto es un mal texto y está mal escrito y está mal construido, y un personaje está mal trabajado, la escuela no lo tiene que admitir; porque no solo se trata de formar lectores: se trata de formar buenos lectores. Y no creo que el camino que empieza con un mal libro algún dí­a culmine en Borges. Entre leer un mal libro e ir a ver una buena pelí­cula, mejor una buena pelí­cula o un buen programa en la tele. Si no, es como una especie de fetichismo de la lectura por la lectura misma, o de la esperanza de que, aunque lea malos libros, “ya lo hemos traí­do a la república de la lectura”. A mi entender no funciona así­, porque no es que el mal libro va a suscitar el deseo del buen libro: el mal libro suscita el deseo de otro mal libro. Yo creo que la escuela tiene que formar un lector que rechace un libro cuando está mal escrito; como pasa con la música, cuando uno “pone cara” si algo suena desafinado. Y hay libros que desafinan de punta a punta, y no me parece que la escuela deba avalar que alguien lea eso como bueno.

La escuela tiene que administrar un canon, separar buena literatura de mala literatura sin ningún remordimiento. Sin embargo, esas definiciones son históricas y cambiantes; y quizás algún dí­a, esto que sentimos como mala literatura sea buena literatura. Muy bien, entonces ese dí­a se dará en un colegio. Ahora no, porque todaví­a la postulamos como mala literatura.

En una excelente nota publicada en la revista El Monitor del Ministerio de Educación, Martí­n Kohan expresa todas sus opiniones con respecto a la relación escuela-literatura, tan cuestionada. Aunque no se compartan las afirmaciones del autor, esta magní­fica entrevista deberí­a ser leí­da por todos los profesores de lengua y literatura de la escuela secundaria, para cuestionar, reflexionar y revisar las prácticas escolares en relación a la lectura de textos literarios.

En noviembre de 2007, Martí­n Kohan recibió el premio Herralde por su novela “Ciencias Morales”, cuya protagonista es una preceptora de un colegio de Buenos Aires, situada en el año 1982, poco antes de la llegada de la democracia al paí­s. Haciendo click sobre estas palabras, se puede leer una entrevista al autor en donde relata minuciosamente el proceso de construcción de esta novela.

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