Fragmento del cuento Luli, ¡comé!, de Viviana Santillán.

“Lucila estaba sentada frente a un plato de milanesas con arroz. Casi lleno el plato. Desde la sillita alta, el bebé desparramaba puré a sus anchas. Alrededor de ellos, la mamá parecía una gimnasta: iba y venía sacando cosas de la heladera, levantaba los cubiertos que el bebé tiraba al suelo y recalentaba el puré mil veces. Además, cada tanto miraba el plato de Lucila y decía: Luli, comé. Todo muy de todos los días.
Justo cuando Lucila pensaba eso, alguien más llegó a la mesa. Una visita nueva. En realidad era alguien que siempre había estado en miniatura pegado a la puerta de la heladera, en un imán de la pizzería La gata Cata. Pero hoy, quién sabe por qué, se había sentado frente a Lucila y no era el dibujito descolorido de siempre sino una gata tamaño natural, de ojos verdes, que había apoyado sus patitas delanteras sobre la mesa y esperaba educadamente que Lucila le acercara un bocado.
(…)
¡LULI, COMÉ! La gata, ofendida, se esfumó. A Lucila le dio bronca que su mamá le hubiera espantado la visita, eso no estaba bien. Ella misma le había enseñado a convidar, a ser amable y generosa con los invitados. Ser hospitalaria… Esa palabra le gustaba porque la había aprendido hacía poco, cuando en el jardín leyeron la fábula de la cigarra y la hormiga (…)”
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¡Qué lindo ver mi cuento por aquí! Le tengo cariño a este cuentito porque lo escribí inspirada en mis hijos, a quienes todavía sentarse comer les parece muy aburrido…
El cuento es precioso Viviana y quienes somos o hemos sido mamás de niños pequeños, nos sentimos muy identificadas con las situaciones que se producen en él. Y los docentes, seguramente también!!
Felicitaciones y gracias por permitirme compartir este fragmento con los lectores de este blog
Paloma Kipersain
Coordinadora de Pescando ideas
Infancia en red. Educared Argentina